Si tuvieras que apostar por las dos condiciones que más van a determinar la salud de los mexicanos en los próximos veinte años, no habría mucho que pensar: diabetes tipo 2 e hipertensión arterial.
México está entre los países con mayor prevalencia de diabetes del mundo. La hipertensión afecta a alrededor de una cuarta parte de la población adulta. Y en ambos casos, según las encuestas nacionales de salud, una proporción enorme de quienes las tienen no lo sabe.
De los que sí lo saben, otra parte importante no está en control adecuado.
La combinación de esas dos brechas (los que no saben y los que saben pero no controlan) es la razón por la que estas enfermedades son la primera causa de ceguera adquirida, de insuficiencia renal y de amputaciones no traumáticas en el país.
Por qué no se detectan
Ambas comparten una característica cruel: al principio no duelen.
La hipertensión se ganó el apodo de "asesino silencioso" con toda justicia. Se puede tener presión alta durante años sintiéndose perfectamente bien, mientras el daño se acumula en riñón, corazón, ojos y cerebro.
La diabetes tipo 2 avanza igual. Los síntomas clásicos (mucha sed, orinar mucho, bajar de peso sin explicación, visión borrosa) suelen aparecer cuando el azúcar ya lleva tiempo elevada. Antes de eso hay una etapa de prediabetes que puede durar años y que es completamente asintomática.
Sin dolor, no hay motivo de consulta. Sin motivo de consulta, no hay diagnóstico.
Lo que sí se puede hacer: medir
Aquí está la buena noticia, y es genuinamente buena: ambas se detectan con pruebas simples y baratas.
Presión arterial. Se mide en menos de un minuto. En cualquier consulta, en muchas farmacias, con un aparato en casa. No hay excusa razonable para no saber cuál es tu presión.
Glucosa. Un análisis de sangre en ayunas. La hemoglobina glucosilada (HbA1c) da una foto del promedio de los últimos tres meses y es aún más útil para el seguimiento.
Un par de mediciones al año, en la mayoría de los adultos, es suficiente para detectar el problema años antes de que dé la cara.
Quién debería medirse ya
Sin esperar a cumplir años ni a que aparezca un síntoma, si tienes cualquiera de esto vale la pena revisarte:
- Familiares directos con diabetes o hipertensión
- Sobrepeso u obesidad, sobre todo con grasa concentrada en el abdomen
- Más de 40 años
- Diabetes gestacional en un embarazo previo, o un bebé que nació con peso alto
- Vida sedentaria
- Presión que "a veces sale un poco alta"
- Ovario poliquístico
- Un resultado previo de glucosa en el límite
Ese último punto merece énfasis. La prediabetes es reversible. Es probablemente la ventana de oportunidad más grande que existe en salud pública en México, y se pierde de forma rutinaria porque un resultado limítrofe se archiva como "casi normal" y nadie le da seguimiento.
Lo que pasa cuando sí hay diagnóstico
Tener diabetes o hipertensión hoy no es lo que era hace treinta años. Con control adecuado, la mayoría de las personas vive una vida larga y normal.
La palabra que hace todo el trabajo en esa frase es control.
Y control significa cosas concretas y bastante aburridas:
- Tomar el medicamento todos los días, incluido el día en que te sientes bien
- Medir con la frecuencia que te indicaron
- Ir a las consultas de seguimiento aunque no pase nada
- Revisiones periódicas de ojos, riñón y pies
- Los cambios de alimentación y actividad que ya sabes
Nada de eso es heroico. Todo eso es sostenido. Y ahí está el verdadero problema.
Por qué se abandona el control
En la práctica clínica mexicana, las razones por las que la gente deja de controlarse se repiten:
"Ya me siento bien." El paciente mejora con el tratamiento, concluye que ya se curó y lo suspende. Es la falla más común y la más entendible.
El medicamento cuesta todos los meses. Un tratamiento crónico es un gasto permanente. Cuando el mes viene apretado, es de las primeras cosas que se recortan.
El seguimiento cuesta tiempo. La consulta de control cada tres meses, la fila para el laboratorio, la media jornada perdida. Para alguien que no puede faltar al trabajo sin que le descuenten, cada control tiene un precio doble.
Nadie explicó bien. Mucha gente sale del consultorio con una receta y sin entender qué tiene, qué le va a pasar, o por qué importa tanto.
Fíjate en algo: de esas cuatro razones, tres no son médicas. Son de acceso, de costo y de comunicación.
Dónde puede ayudar tener acceso resuelto
Una enfermedad crónica no se gana con una consulta brillante. Se gana con veinte consultas ordinarias sostenidas durante años.
Eso significa que el factor determinante no es la calidad de la atención de emergencia, sino qué tan barato y fácil es hacer lo aburrido: el control cada tres meses, el laboratorio, la receta renovada, la duda resuelta sin esperar a la próxima cita.
Es exactamente el terreno de una membresía de salud. Consultas sin que cada una sea una decisión financiera. Telemedicina para el seguimiento estable, que ahorra la jornada perdida. Apoyo en el costo de medicamentos y estudios, que es donde se cae el tratamiento a largo plazo.
Y hay un detalle que importa en este tema específicamente: en Blu Benefit no hay restricción por condiciones preexistentes para los servicios incluidos en tu plan. Si ya tienes diabetes o hipertensión, puedes usar tu membresía para las consultas y el seguimiento de eso mismo. Que es, precisamente, para lo que hace falta.
La acción concreta de esta semana
Si llegaste hasta aquí, hay una sola cosa que vale la pena hacer:
Averigua cuál es tu presión y cuál es tu glucosa.
Si no lo sabes, no lo pospongas hasta la próxima vez que te sientas mal, porque si tienes cualquiera de las dos, es probable que te sigas sintiendo bien un buen rato.
Son dos números. Cuestan poco y toman poco. Y son de las pocas cosas en salud donde saber a tiempo cambia realmente el desenlace.
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Blu Benefit es una membresía de salud disponible en México. Los datos de prevalencia provienen de fuentes públicas como las encuestas nacionales de salud, el IMSS y la OMS. Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud.